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Curso 2010-2011

Itinerario espiritual

 

“Por la vida del mundo” (Jn 6, 51)
La Eucaristía

«La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues «todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...».

Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y «se realiza la obra de nuestra redención». Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente. Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable don. Deseo, una vez más, llamar la atención sobre esta verdad, poniéndome con vosotros, mis queridos hermanos y hermanas, en adoración delante de este Misterio: Misterio grande, Misterio de misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida» (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía nº 11)

Comenzamos este nuevo Curso 2010-2011, dedicado a la Eucaristía. Toda la vida y actividades de nuestra comunidad del Seminario Menor estarán iluminadas por la presencia, la eficacia y estilo que brotan del Sacramento del Amor. Como lema, tendremos una cita del capítulo 6 del Evangelio de San Juan, conocido como el discurso del pan de vida: “Por la vida del mundo” con el objetivo de favorecer la experiencia cristiana de Dios, a través de la oración, la liturgia y la Sagrada Escritura. San Juan no relata la institución de la Eucaristía, porque esta frase está haciendo referencia al momento en el que Jesús reunido con los Apóstoles, nos dio su cuerpo como alimento para la vida del mundo. Alimento que no debe faltar en la vida del Seminarista, ni en la vida del cristiano, porque nos sostiene en los momentos de desánimo y de cansancio para seguir el camino que Él nos ha mostrado, porque nos espera al final de nuestro esfuerzo. Este alimento ayudó al Beato José Sala, primer rector de nuestro Seminario, a dar su vida, hace 75 años, hecho que ocupará un lugar importante a lo largo de todo el curso.
 

Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre
Iglesia Jesucristo Misión
"¿Dónde comprar pan para dar de comer?"
(Jn 6, 5)
"Yo soy el Pan de Vida"
(Jn 6,48)
"La voluntad de mi Padre: que no pierda nada de lo que me dio"
(Jn 6, 39)

PRIMER TRIMESTRE

"¿Dónde comprar pan para dar de comer?"
(Jn 6, 5)

«Con la presente Carta encíclica, deseo suscitar este « asombro » eucarístico, en continuidad con la herencia jubilar que he querido dejar a la Iglesia con la Carta apostólica Novo Millennio Ineunte y con su coronamiento mariano Rosarium Virginis Mariae. Contemplar el rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el « programa » que he indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva evangelización. Contemplar a Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifieste, en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de su sangre. La Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, « misterio de luz ». Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: « Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron » (Lc 24, 31)» (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía nº 6)

Esta pregunta se la hace Jesús al Apóstol Felipe para poner a prueba su fe y el grado de confianza en Él. Jesús sabía que hacía falta mucho pan para que toda la multitud pudiera comer al menos un pedazo y que Él se encargaría de que todos pudieran comer. No sólo aquellos que estaban junto a Él, sino las personas de todos los tiempos, es decir, nosotros también podemos saciarnos con este pan que es Él mismo que se sigue entregando en la Iglesia. De aquí la necesidad de unirnos todos en torno al altar para celebrar la Eucaristía y estar con el Señor para que nuestra fe se vaya fortaleciendo de día en día y confiemos en el Señor plenamente, ya que nada nos falta si permanecemos junto a Él. Nuestra comunidad del Seminario tiene que caminar siempre en aquella dirección que nos lleva al encuentro con el Señor, que se produce en la Iglesia participando de la Eucaristía. Porque la vida del Seminario, en definitiva, la misión de la Iglesia, no se entiende o no se puede llevar a cabo sin la Eucaristía, alimento que nos fortalece y nos vivifica.

SEGUNDO TRIMESTRE

"Yo soy el Pan de Vida"
(Jn 6, 48)


«La incorporación a Cristo, que tiene lugar por el Bautismo, se renueva y se consolida continuamente con la participación en el Sacrificio eucarístico, sobre todo cuando ésta es plena mediante la comunión sacramental. Podemos decir que no solamente cada uno de nosotros recibe a Cristo, sino que también Cristo nos recibe a cada uno de nosotros. Él estrecha su amistad con nosotros: «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15, 14). Más aún, nosotros vivimos gracias a Él: «el que me coma vivirá por mí» (Jn 6, 57). En la comunión eucarística se realiza de manera sublime que Cristo y el discípulo «estén» el uno en el otro: «Permaneced en mí, como yo en vosotros» (Jn 15, 4)» (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía n 22)

Ante la admiración de la multitud, por el milagro que sus ojos habían contemplado, Jesús se presenta como el pan que baja del cielo, el pan de vida, capaz de saciar el hambre que el hombre tiene, que todo cristiano tiene, de Dios. Aunque vivimos en el Seminario, tenemos necesidad de buscar a Jesús, de encontrarnos con Él, de descubrirle vivo y presente en la Eucaristía y Él es el único que puede colmar nuestra hambre, ninguna cosa de este mundo puede llenar el corazón como lo llena Jesús y ningún momento nos hace sentirnos más en paz, que cuando lo recibimos en nuestro corazón en la sagrada comunión. Jesús Eucaristía, es el pan vivo, el Camino, la Verdad y la Vida, el Alfa y la Omega…. Nosotros hemos descubierto que nuestro Dios tiene un nombre y un rostro y un corazón… Y que tiene planes preciosos para cada uno. Y que la vocación es un regalo, en el que lo más importante es estar con Él y que Él saciará nuestro corazón inquieto inundado en deseos de descubrirle en la Eucaristía.

TERCER TRIMESTRE

"La voluntad de mi Padre:
que no pierda nada de lo que me dio"
(Jn 6, 39)

«En el alba de este tercer milenio todos nosotros, hijos de la Iglesia, estamos llamados a caminar en la vida cristiana con un renovado impulso. Como he escrito en la Carta apostólica Novo millennio ineunte, no se trata de «inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste». La realización de este programa de un nuevo vigor de la vida cristiana pasa por la Eucaristía.

Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del Misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen. En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia? » (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía,  n 60)

El encuentro con el Señor empuja al testimonio, “la caridad de Cristo nos urge”, decía San Pablo, porque el amor de Jesús, el Buen Pastor, desde dentro de nosotros nos lleva a buscar a los hermanos. Nuestro estilo de vida en el Seminario Menor tiene que estar marcado por una espiritualidad sólida, con una profunda experiencia personal de Dios y, al mismo tiempo, un compromiso y una entrega en nuestro ambiente que haga fructificar los dones recibidos. “ A quién mucho se le dio, mucho se le pedirá”, nos dice el Evangelio y nosotros que lo hemos recibido todo, todo tenemos que darlo. En nuestro Seminario tenemos que estar modelados por la Eucaristía, desde donde Jesús se sigue entregando para la vida del mundo. Mundo tentado por el maligno y evocado al pecado, que nos lleva a dispersarnos, heriré al pastor y se dispersarán las ovejas, pero Jesús en torno a la Eucaristía nos quiere reunir, como la gallina reúne a los pollitos bajo sus alas, para que no nos perdamos, para que no nos apartemos de su lado y para que no caigamos en la tentación.

 

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