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Curso 2013-2014

Itinerario espiritual

 

“Yo os he elegido” (Jn 15, 16)
El Hijo

Llamados por Dios. Creo que es importante reavivar siempre en nosotros este hecho: «No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes», dice Jesús (Jn 15,16). Es un caminar de nuevo hasta la fuente de nuestra llamada. Por eso un seminarista, no puede ser un desmemoriado. Pierde la referencia esencial al inicio de su camino. Pedir la gracia, pedirle a la Virgen, Ella tenía buena memoria, la gracia de ser memoriosos, de ese primer llamado. S.S. Francisco, 27 de julio de 2013

El itinerario pedagógico-espiritual de nuestro Seminario nos lleva a lo largo de este curso a profundizar sobre la segunda Persona de la Santísima Trinidad: El Hijo, revelación del amor del Padre. Queremos llegar a Cristo para conocer, experimentar y testimoniar a los demás el amor de Dios a la humanidad. El lema general que se ha elegido para este año, hace referencia a la dimensión vocacional de la persona humana, elegida por Cristo. Cristo es quien llama al hombre, y lo llama para la santidad, tema del programa anual del Plan Pastoral Diocesano: llamados a la santidad. El santo de referencia para el PPD, San José, y una de las líneas de acción del PPD, que es promover las vocaciones, nos ha movido a enfocar el itinerario espiritual de este año a la vocación, sirviéndonos de homilías del Papa Francisco que iluminarán nuestro curso.

Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre
Iglesia Jesucristo Misión
"Tenían un solo corazón y una sola alma"
(Hch 4, 32)
"Te seguiré a donde
quiera que vayas"
(Lc 9, 57)
"Alegraos, vuestros nombres están escritos en los cielos"
(Lc 10, 20)

PRIMER TRIMESTRE

"Tenían un solo corazón y una sola alma"
(Hch 4, 32)

Hay una realidad que jamás debemos olvidar: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros. No está descontada la pregunta para nosotros, para todos nosotros: ¿es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo verdaderamente a Cristo en el centro de mi vida? Porque existe siempre la tentación de pensar que estamos nosotros en el centro. Y cuando uno se pone él mismo en el centro, y no a Cristo, se equivoca. En la primera lectura Moisés repite con insistencia al pueblo que ame al Señor, que camine por sus sendas, «pues Él es tu vida» (cf. Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo le corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo más que en la Iglesia y con la Iglesia. Y también en este caso nosotros, no estamos en el centro; estamos, por así decirlo, «desplazados», estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica (cf. EE, 353). Ser hombres enraizados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de investigación, caminos creativos, sí; esto es importante: ir hacia las periferias, las muchas periferias. Para esto se requiere creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir adelante. Servir a Cristo es amar a esta Iglesia concreta, y servirla con generosidad y espíritu de obediencia. S.S. Francisco, 31 de julio de 2013.

Leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, que la primera comunidad de creyentes tenía un solo corazón y una sola alma; y es que no hay distinción entre aquellos que son incorporados a Cristo. Todos los que creemos en Cristo, formamos la Iglesia y creemos en la Iglesia fundada por Cristo, que nos trasmite los frutos de la Redención. En el texto arriba citado el Papa Francisco nos dice: yo no puedo seguir a Cristo más que en la Iglesia y con la Iglesia. Todo lo que se salga de ahí es equívoco. Porque Cristo ha fundado la Iglesia para, que por medio de ella, nos encontremos con Él.

SEGUNDO TRIMESTRE

"Te seguiré a donde quiera que vayas"
(Lc 9, 57)

Es precisamente la «vida en Cristo» que garantiza nuestra eficacia apostólica y la fecundidad de nuestro servicio: «Soy yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea verdadero» (Jn 15,16). No es la creatividad, por más pastoral que sea, no son los encuentros o las planificaciones los que aseguran los frutos, si bien ayudan y mucho, sino lo que asegura el fruto es ser fieles a Jesús, que nos dice con insistencia: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes» (Jn 15,4). Y sabemos muy bien lo que eso significa: contemplarlo, adorarlo y abrazarlo en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestra vida de oración, en nuestros momentos de adoración, y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas. El «permanecer» con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. Quiero acá recordar algunas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta. Dice así: «Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las «favelas», en los «cantegriles», en las «villas miseria» donde hay que ir a buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría» (Mother Instructions, I, p. 80). Hasta aquí la beata. Jesús es el Buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro, por favor, no lo borremos de nuestra vida. Enraicemos cada vez más nuestro corazón en él (cf. Lc 12,34). S.S. Francisco, 27 de julio de 2013.

La iniciativa en toda vocación la tiene Cristo. Por este motivo, San Pablo nos llega a decir: nadie puede atribuirse este don. Porque la vocación, no es algo que uno se empeñe en lograr o quiera conseguir a cualquier precio. La vocación, como nos dice San Pablo, es un don, un regalo que Dios da a los que quiere. Por eso el lema central del itinerario espiritual es: “Yo os he elegido” (, porque es Cristo quien nos llama, es Cristo quien nos mira con ternura, como al joven rico, y te dice sígueme. Que gozo debe sentir el Corazón de Cristo si nuestra respuesta es: Te seguiré a donde quiera que vayas (Lc 9, 57)

TERCER TRIMESTRE

"Alegraos, vuestros nombres están escritos en el cielo"
(Lc 10, 20)

 

Llamados a anunciar el Evangelio. Ciertamente, muchos podrían sentirse un poco asustados ante esta invitación, pensando que ser misioneros significa necesariamente abandonar el país, la familia y los amigos. Dios quiere que seamos misioneros. ¿Dónde estamos? Donde Él nos pone: en nuestra Patria, o donde Él nos ponga. Ayudemos a los jóvenes a darse cuenta de que ser discípulos misioneros es una consecuencia de ser bautizados, es parte esencial del ser cristiano, y que el primer lugar donde se ha de evangelizar es la propia casa, el ambiente de estudio o de trabajo, la familia y los amigos. Sembrar cuesta y cansa, ¡cansa muchísimo! Y es mucho más gratificante gozar de la cosecha… ¡Qué vivo! ¡Todos gozamos más con la cosecha! Pero Jesús nos pide que sembremos en serio. Educarlos en la misión, a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. Así hizo Jesús con sus discípulos: no los mantuvo pegados a él como la gallina con los pollitos; los envió. No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, en nuestra institución parroquial o en nuestra institución diocesana, cuando tantas personas están esperando el Evangelio. Salir, enviados. No es un simple abrir la puerta para que vengan, para acoger, sino salir por la puerta para buscar y encontrar. Empujemos a los jóvenes para que salgan. ¡No tengamos miedo!¡Empujémoslos a salir! Al cruce de los caminos, andar a buscarlos. S.S. Francisco, 27 de julio de 2013

Jesús nos llama a estar con Él, a aprender de Él, a llenarnos de Él, pero también nos llama a salir a comunicar a otros lo que hemos experimentado junto a Él. Porque el don recibido, el talento que el Señor nos ha dado, no es para enterrarlo en la tierra y guardarlo para mí, sino para hacerlo producir, para que dé fruto, pero para conseguir el fruto, primero hay que sembrar, poner la semilla de la Palabra de Dios en el corazón de hombres que no han escuchado oír hablar de Él, como nos dice el Papa: sembrar cuesta y cansa, ¡cansa muchísimo! Y es mucho más gratificante gozar de la cosecha… Pero Jesús nos pide que sembremos en serio.

 

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