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Curso 2014-2015

Itinerario espiritual

 

“Cuídalo mientras vuelvo” (Lc 10, 35)
La Iglesia

Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental». Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. Entrevista al Papa Francisco, 19 de agosto de 2013

El itinerario pedagógico-espiritual de nuestro Seminario nos lleva a lo largo de este curso a profundizar sobre la Iglesia. La Iglesia es la Esposa de Cristo, santa e inmaculada; es la casa donde hemos recibido y seguimos recibiendo los grandes dones divinos; en ella hemos nacido a la vida divina; en ella celebramos y vivimos los misterios de nuestra salvación; en ella recibimos la sanación de las heridas que el pecado hace en el hombre. El lema para este curso, hace alusión a la parábola del Buen Samaritano, que san Lucas recoge en el capítulo 10 de su evangelio. Hemos elegido este lema, inspirándonos en la comparación de la Iglesia con un hospital de campaña, que el Santo Padre Francisco hizo en una entrevista por el director de la revista Civitá Cattolica. La Iglesia, es el lugar donde el bautizado es sanado de las heridas que el pecado le ha ocasionado, por medio del sacramento de la reconciliación, recibiendo el perdón del Señor por el ministro ordenado, representante de Cristo, hasta la vuelta de Cristo en gloria: cuídalo mientras vuelvo. De este modo, nos unimos al plan pastoral de nuestra diócesis que este curso se centra en la parroquia.

Primer trimestre Segundo trimestre Tercer trimestre
Iglesia Jesucristo Misión
Mira, estoy de pie a la puerta y llamo
(Ap 3, 20)
Simón, hijo de Juan,
¿me amas?
( Jn 21, 16)
Se fiel hasta la muerte
y te daré la corona
de la vida
(Ap 2, 10)

PRIMER TRIMESTRE

"Mira, estoy de pie a la puerta y llamo"
(Ap 3, 20)

Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular. El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia, por tanto, para mí quiere decir estar en este pueblo. Y el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina. Esta Iglesia con la que debemos “sentir” es la casa de todos, no una capillita en la que cabe sólo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Entrevista al Papa Francisco, 19 de agosto de 2013.

Este primer trimestre en el que nos dedicamos a profundizar más especialmente sobre la Iglesia, a la cual pertenecemos y somos invitados a participar, nos fijamos en la invitación de Cristo a participar de sus bienes que contiene la Iglesia y lo hacemos con esas palabras que leemos en el Apocalipsis: mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. De este modo, todos los bautizados somos invitados a recibir los sacramentos, que nos fortalecen y nos preparan al encuentro con Cristo, para vivir esa comunión de amor con él. Porque la Iglesia, al hacernos partícipes de estos misterios divinos, nos anticipa la gloria del cielo, donde viviremos plenamente la comunión con Cristo para siempre.

SEGUNDO TRIMESTRE

"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"
( Jn 21, 16)

Me ha impresionado siempre una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: no tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño. Esta virtud de lo grande y lo pequeño se llama magnanimidad, y, a cada uno desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vista en el horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios». «Esta máxima ofrece parámetros para adoptar la postura correcta en el discernimiento, para sentir las cosas de Dios desde su “punto de vista”. Es posible tener proyectos grandes y llevarlos a cabo actuando sobre cosas mínimas. Podemos usar medios débiles que resultan más eficaces que los fuertes, como dice san Pablo en la Primera Carta a los Corintios. Entrevista al Papa Francisco, 19 de agosto de 2013.

En este segundo trimestre, como siempre, lo dedicamos más a profundizar en la persona de Jesucristo. Viendo el lema, parece que no tiene mucha relación, pero claro que la tiene. Porque este año dedicado a la Iglesia, Jesucristo puso los cimientos de ésta sobre la confesión de fe de Pedro, cabeza de los Apóstoles y de la Iglesia. Fe que pasó por un proceso de purificación muy grande, ya que después de esta profesión de fe, inspirada de lo alto, Pedro negó al Maestro. Cristo para restablecer esta fe y el primado de Pedro sobre la Iglesia y los Apóstoles, le hace esa triple pregunta, ¿me amas? Pedro es, guiado por el Espíritu Santo, quien conduce a la Iglesia a Cristo, para que nuestra fe sea siempre firme en la confesión del nombre de Cristo.

TERCER TRIMESTRE

"Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida"
(Ap 2, 10)

En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor. Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Entrevista al Papa Francisco, 19 de agosto de 2013.

El tercer trimestre, lo dedicamos a la tarea misionera y evangelizadora de la Iglesia. La Iglesia no se entendería sin esta dimensión, que es tarea de cada bautizado. Llevar a todos el mensaje de Cristo y la buena nueva de su Evangelio. El Papa nos dice que busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. Sabemos que esto no es nada fácil. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra las dificultades de la Iglesia en sus inicios, pero a pesar de las persecuciones e incomprensiones, no se detuvo en su ardor misionero. La persecución es una nota caracterísitca de la Iglesia, desde el comienzo ha estado presente y ahora en el siglo XXI, lo sigue estando. Basta que recordemos los países donde los cristianos están siendo perseguidos cruelmente. Pero ya Jesús nos dijo: si perseverais salvareis vuestras almas. Es la fidelidad de la que nos habla este lema, fidelidad de la Iglesia hasta el final, aún en medio de las persecuciones y de las resistencias que podamos encontrar en el anuncio del Evangelio.

 

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